Adopción de buses eléctricos: la actitud y percepción social también influyen en decisiones

La contaminación del aire se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales en Lima. El crecimiento del parque automotor, el uso intensivo de combustibles fósiles y la congestión vehicular han deteriorado la calidad del aire y generado impactos directos en la salud de la población. Frente a este panorama, la movilidad sostenible aparece como una de las principales alternativas para reducir emisiones y mejorar el entorno urbano.

En ese contexto, el analista Alex Salazar Marzal sostiene que la incorporación de buses eléctricos al sistema de transporte público representa una oportunidad concreta para enfrentar el problema. A diferencia de los vehículos de combustión interna, estas unidades no generan emisiones directas durante su operación, lo que permite disminuir partículas contaminantes, óxidos de nitrógeno y ruido en zonas altamente transitadas.

Salazar Marzal explica que, si bien los beneficios ambientales son claros, el éxito de la electrificación no depende únicamente de la tecnología o la infraestructura. La actitud ambiental de los ciudadanos – sus creencias y disposición hacia prácticas responsables con el entorno – influye de manera decisiva en la aceptación y uso del transporte eléctrico. Una mayor conciencia sobre los efectos de la contaminación podría impulsar cambios en los hábitos de la movilidad.

Además, el especialista advierte que el factor social también cumple un papel relevante. La percepción colectiva sobre la eficiencia, modernidad y confiabilidad del servicio puede incentivar o limitar su adopción. Por ello, subraya que las autoridades deben acompañar la implementación de buses eléctricos con campañas informativas, mejoras en la calidad del servicio y estrategias que fortalezcan la confianza ciudadana, a fin de consolidar una transición efectiva hacia una movilidad urbana más limpia y sostenible en Lima.