Escocia ha decidido dar un paso atrás en la implementación de 25 buses de dos pisos a hidrógeno, decantándose por los vehículos eléctricos de cero emisiones, debido a la rapidez de carga de las baterías, la mayor autonomía de recorrido y los bajos costos de funcionamiento, en contraposición con las grandes cantidades de electricidad verde para crear el combustible mediante electrólisis.
El proyecto fue impulsado por el municipio de Aberdeen y el gigante del petróleo y gas BP en 2022, y en él fueron invertidos decenas de millones de libras, pero poco después los buses salieron de servicio desde setiembre de 2024, debido a problemas con las estaciones de recarga en Kittybrewster y Cove, lo que obligó a reevaluar la dirección estratégica para alinearse con el cambio panorama del mercado.
El interés de los operadores de transporte por la electromovilidad se ha reflejado en First Bus, empresa que en 2021 anunció la compra de 120 buses de uno y dos pisos que podrían cargarse rápidamente durante la noche antes de pasar 18 horas en la carretera; sumado a la reciente decisión de la empresa Ember de ampliar su flota a 98 buses.
El concejal Richard Brooks, líder del grupo local de los Conservadores Escoceses, lamentó que se haya “desperdiciado” dinero y que “han apostado por el caballo equivocado”. “No hace falta ser un científico para ver que esto estaba en el horizonte”, agregó. Mientras que Tom Baxter, experto en energía, afirmó que, desde el punto de vista comercial y técnico, los buses a hidrógeno “simplemente no funcionan” y que “hay muy pocos argumentos a favor cuando se compara con la alternativa eléctrica”.